¡Hoy nos vamos al cine! BLINDADO
No es nada personal
Cualquiera merece una segunda oportunidad sobre todo cuando tu mayor delito ha sido el robo.
No es esto lo que parece pensar William, un extraño hombre rico enfermo terminal que ha decidido hacer pagar a un delincuente por lo que otros le hicieron en el pasado. El culpable sentenciado es Eddie Barrish, un raterillo que sobrevive en la calle con lo justo y espera salir de su crisis para poder estar con su hija a quien no presta la suficiente atención.
La trampa en forma de un todoterreno oscuro marca Dolus con cristales anti-balas tintados y bloqueo de puertas accionado a distancia es demasiado para nuestro protagonista que fue a por lana y salió trasquilado. William comienza siendo un hombre vengativo pero justo que pretende darle una lección a Eddie pero todo se le va de las manos y cambia nuestra opinión sobre él a medida que comienza a tomarse la justicia por su mano con un hombre que no se merece la tortura que está padeciendo.
El duelo inteligente entre un ladrón experimentado que ha salido de la calle y tiene cosas que perder y un psicópata al que ya no le queda nada se sucede dentro de un automóvil al que solo le falta hablar solo y que a veces recuerda a la Christine de Stephen King. Uno desde la distancia utiliza un teléfono móvil y un mando que produce descargas eléctricas en los asientos, el otro recibe los sucesivos castigos y daños físicos minando cada vez más su moral y consciencia.
No sé quien está mejor en este duelo interpretativo con voz y cuerpo oculto o rostro y vida terrible marcada en la piel que pide ayuda a gritos y un caso que se antoja inexistente.
Con esta Blindado que a veces se regodea en momentos algo truculentos y desagradables me ha pasado algo parecido que con Un ciudadano ejemplar de Gerard Butler y Jamie Foxx. Comencé empatizando con uno de ellos y acabé deseando que este mismo personaje dejara el mundo de los vivos para que no pudiera hacer algo terrorífico con sus armas. El mejor Anthony Hopkins maquiavélico y asesino que de lejos recuerda a Hannibal Lecter, contra el mejor Bill Skarsgard tatuado pero sin la vida inmortal de El Cuervo.
El director desconocido para mí, David Yarovesky intenta un cóctel explosivo mezclando crítica social y política con escenas que parecen sacadas de un documental moderno. Habla de la decadencia de esta sociedad perdida y una generación sin valores y dormida que no lucha por lo que quiere y ama o intenta superar sus límites para ascender en la vida y solo intenta sobrevivir bajo condiciones muy adversas ¡llevándose en su camino a inocentes que merecen vivir!
Una maldad dominada por las drogas y que no es castigada y una justicia ciega que hace la vista gorda y mira hacía otro lado ¡egoísta, cruel e injusta! Dos mundos separados por la riqueza que delimitan sus posibilidades y futuros posibles socialismo diverso que no funciona o capitalismo atroz que lo devora todo y a todos sumiendo a algunos en la pobreza más objetiva y a otros en la vida responsable que cuando se ve alterada se manifiesta golpeando al eslabón más débil de la cadena.
No es solo una película de suspense, es una mirada a nuestro alrededor con fallos en un sistema que no funciona hoy en día y que merece una revisión. Un ojo por ojo que aunque efectivo a corto plazo, deja secuelas y yerra en su mensaje o un diente por diente golpeando el salpicadero automático que sale vencedor y te obliga a aprender por las malas. Lo de menos es la tortura con música, cambios de temperatura, escasez de agua y comida o aislamiento del exterior, lo demás la lección de vida que el inteligente y autodidacta Eddie descubre y lo salva de condenarse en el fuego eterno o el Infierno más horrible. Una especie de Saw con trampas menos elaboradas o un Estados Unidos con su particular Cabina sin Chicho Ibáñez Serrador y Jose Luis López Vázquez.
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