ARTE Y CARTEL
La primera vanguardia impresiona (Parte 2)
Abel Gance (París, 1889- París 1981) es el tercero. Desde 1909 comenzó a trabajar como actor y guionista cinematográfico fundando su propia productora dos años después y rodando un par de películas de género dramático.
Como guionista colaboró en obras de la Pathé como esta Le tragique amour de Mona Lisa, de Albert Capellani. El artista Faria representa en el cartel la habitación de Francisco I bellísimamente decorado con un par de pinturas, una escena de guerra y la famosa tela del artista e inventor renacentista Leonardo da Vinci, la Mona Lisa. La esposa del rey, la Bella Ferronniére, celosa intenta dañarlo con un puñal mientras su marido intenta detenerla por las bravas. Solo la cama se interpone entre esta loca y un cuadro que muchos siglos después sería robado y al que intentarían destruir en 1956, 1974 y 2009
¿Premonitorio este ataque furioso?
En La máscara del horror, también de 1912, Abel Gance se acerca al terror expresionista con un mad doctor que aquí es un escultor en busca de la creación de una máscara del terror que inspirara un miedo atroz. Para ello el artista experimenta con su propio cuerpo, primero echándose sangre por la cabeza, tomándose un veneno que cambiará sus facciones y finalmente dejando que una luz rojiza proporcione una atmósfera asfixiante y de alarma.
Al final Edouard de Max consigue su objetivo rivalizando con otras obras anteriores mucho más reales, como por ejemplo la máscara de Jean Carries de 1891. Louise Breslau en 1856 lo retrató en su estudio como a nuestro protagonista.
Solo viendo el título del cartel con letras sangrantes ya comprendemos de que va el film. La escena con el escultor en su estudio, el modelo concluido colocado en una banqueta enfrente de una lámpara de aceite y las siete inconclusas cabezas esculpidas que adornan las paredes de esa habitación que ha sido para Max una cárcel con barrotes en la ventana, certifican que vamos a pasarlo muy mal ¡la calavera es una pista bastante clara! Con el rostro pálido, Edouard de Max que viene de actuar en el teatro de Sarah Bernardt, se convierte en otro de esos personajes tribulados a los que no me gustaría encontrarme en un callejón oscuro por la noche.
Mil novecientos quince es un año que marca un antes y un después. Abel Gance dirige para Film d ´art una rara película que le lleva a andar un camino distinto pasando ya de la tradición y acercándose a los impresionistas franceses que estaban comenzando a salir de su cascarón. La folie du docteur Tube, nos presenta a un doctor con cara de cono que al contrario que Max nos provoca hilaridad con sus experimentos y sus alucinaciones ¡ojo a las imágenes deformadas de la realidad que Gance crea gracias a especiales espejos! Albert Dieudonné está irreconocible en este corto surrealista de diez minutos de duración que influyó a grandes clásicos alemanes como El gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene.
De la comedia pasa al drama con dos largometrajes muy diferentes. Damen Manon y sus amores en Mater Dolorosa y Gisele, otra femme fatale francesa de rostro angelical, la bella Andrée Brabant. Misti, Ferdinand Edouard Ernest Mifliez (1865-1923) es sobretodo famoso por sus carteles como el de La zone de la mort, de 1917. Como su firma las figuras son estilizadas y deformadas a nuestra vista como este salvador que rescata a la joven damisela de morir pasto de las llamas en el chateau de Primor.
El licenciado en la Escuela de Artes Decorativas y alumno del pintor Edmond Lechevallier -Chevignard además de carteles de cine ilustró revistas como Les Maitres de l´annonce o anunció productos y marcas como Dunlop o Dubbonet y fue uno de los máximos exponentes del cartel de cine de los impresionistas cinematográficos como Gance.
De Mater dolorosa hay dos versiones, una primera de 1917 y otra de 1933 del mismo director. Louis Nalpas, productor de casi todas las películas de Abel Gance, repite aquí con esta historia romántica y un nuevo triángulo amoroso repleto de silencios.
Y llegamos a su trilogía fantástica, aquella por la que se le conoce, tres películas como tres soles que han quedado ya grabadas en la historia del cine. Una primera en 1919 que es un alegato anti militar contra la guerra, la segunda de 1923 en donde se glorifica a las máquinas y una tercera que recrea la vida del emperador francés Napoleón Bonaparte ya en 1927 del que hablaremos largo y tendido en el próximo capítulo.
¡Yo, acuso! es una frase que utilizó el escritor Emile Zola para tomar partido en el caso Dreyfus en el artículo del periódico L ´Aurore el 13 de enero de 1898. En él acusa al Presidente de la República del error judicial tan garrafal y a los responsables del delito. Abel Gance toma esta frase como título de su película también para criticar y atacar, en cierta manera, a la guerra y sus estragos. Como sabemos el quedó exento de participar en la Gran Guerra pero vio caer en combate a muchos de sus amigos y por ello les dedicó este film de tres horas de duración. No es panfletario ni antibelicista pero se hace eco de algunas propuestas y animadversiones hacía cualquier conflicto bélico.
Los posters de Armand Rapeño (1886-1945) y Tamagno hacen referencia a la acción bélica en las trincheras y a los muertos enterrados en cementerios vivientes. Una litografía anónima muestra a un esqueleto saliendo de su tumba tal y como puede verse en las tres épocas de esta monumental película.
Es una pena que no tengamos nada a cerca de la relación entre Edith y los dos hombres, el poeta Jean Díaz y su marido Francois en Orneval, en la Provenza, las violentas muestras de abuso de los hombres o de la escena en la que los muertos se levantan como si fueran zombies. Rapeño si que pinta el campo con las tumbas bajo las cruces y a Jean Diaz herido que rompe su libro Los pacíficos, con la Oda al sol y Tamagno al imaginario galo que debe insuflar ánimos a los alicaídos soldados. Uno y otro representan escenas del film a su manera, el primero más cercano al surrealismo de su mayor influencia, el diseñador gráfico Jean d´Ylen y el segundo más realista con figuras perfiladas y difusas con cuerpos estilizados.
Nunca sale un esqueleto de un ataúd pero si que lo podemos ver danzando en grupo junto a unas campanas que celebran el comienzo de la guerra, el principio del desastre que traerá cientos de muertos al pueblo como almas en pena que van a despedirse de los suyos.
CONTINUARÁ...
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